Miércoles, 08 Marzo 2017 01:07

8 de marzo: parar con ellas

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Por Lola Rainero

El día 8 de marzo se celebra el día internacional de la mujer y, luego de más de 100 años de conmemoración a nivel mundial, llegamos a la segunda década del siglo XXI con un movimiento feminista que tiene mucho por lo cual seguir luchando.

La fecha tiene sus orígenes a principios del siglo XX, en 1909, cuando 20 mil mujeres marcharon en Nueva York celebrando por primera vez el Día Nacional de la Mujer, conocido como el Levantamiento de las 20 mil. Sin embargo, el evento tenía muy poco de celebración: era más bien un reclamo por los derechos de las trabajadoras, exigiendo una reducción de la jornada laboral, mejores salarios, y mejores condiciones. Durante los siguientes años, las demandas resonaron en España, Alemania, Austria, Dinamarca, Suiza, Rusia y China. Así nace el Día Internacional de la Mujer, celebrado el 8 de Marzo y reconocido por Naciones Unidas en 1975.

Pero lo que nació, principalmente, por aquellos años, fue el feminismo como lo conocemos hoy. Impulsado por los partidos socialistas y concretado por las sufragistas, que lucharon por el sufragio femenino en Europa y Estados Unidos, lo que surgía era la primera ola de feminismo, la primera marca en la historia contemporánea donde las mujeres de todos los países se unían en un sólo colectivo para luchar por sus derechos.

Los reclamos en el siglo XXI

Más de 100 años después y en la era de las comunicaciones, la lucha suena más fuerte que nunca. A lo largo del último siglo se ganaron muchas batallas: el voto femenino, más de 50 mujeres presidentes, parlamentos y congresos con igualdad de género, líderes empresarias, la píldora anticonceptiva, y derechos reproductivos garantizados en algunos países occidentales. Pero la desigualdad continúa alrededor de todo el mundo, cada país con sus respectivos problemas.

El feminicidio y la desigualdad en el mercado laboral son una de las razones por las que las mujeres argentinas deciden parar y marchar hoy. En Estados Unidos, paran, principalmente, para proteger Planned Parenthood (Paternidad Planeada), una institución pública que garantiza los derechos reproductivos de la mujer, desde el aborto hasta las consultas ginecológicas, y que se ve amenazada por el nuevo gobierno. En los países europeos, las mujeres salen a manifestar en contra de la creciente ola de valores machistas, arraigados en los nuevos partidos nacionalistas. En África, Asia y Medio Oriente, la desigualdad de género llega a límites extremos, donde sus respectivas culturas le prohíben a la mujer desde el acceso a la educación hasta su propia autonomía.

La situación actual de la mujer varía según el país, su cultura, y su legislación. Sin embargo, lo que prevalece en todos los colectivos feministas es la unidad, la pertenencia, la conciencia colectiva de ser parte de lo mismo, de ser mujer en una sociedad con infinitas desigualdades y limitaciones. Estamos ante lo que sociólogos contemporáneos llaman la cuarta ola de feminismo, la cuarta vez en la historia en que las mujeres se levantan para reivindicar sus derechos y redefinir su lugar en la sociedad, marcada por la globalización, las redes sociales, y la cultura de masas.

“Habiendo sido criadas como iguales a los hombres, las feministas de la cuarta ola no permiten ser tratadas de otra forma y tienen la seguridad necesaria para quejarse”, advierte la autora Kira Cochrane en el Washington Post.

La Marcha de Mujeres el 21 de enero lo afirmó: se estima que alrededor de 5 millones de personas marcharon en 673 marchas en todo el mundo. A su vez, en Argentina y Latinoamérica, la organización Ni Una Menos, con sus multitudinarias marchas, se consolidó para llevar el feminismo, y su demanda por los derechos básicos de la mujer, a la agenda pública y a las demandas políticas.

Desde OAJNU, compartimos ciertos valores con este movimiento: teniendo como ejes transversales la juventud y la educación, no puede ser ajeno a nosotros el acceso igualitario de niñas y niños tanto a nuestros proyectos como a las instituciones educativas del país, de la misma forma que velamos por un desarrollo sano, seguro, y en buenas condiciones de las niñas y jóvenes que, según Naciones Unidas, son más susceptibles a ser sometidas a matrimonios convenidos, a no terminar la escuela, al trabajo infantil, a la mutilación genital, y a otras violaciones de derechos humanos. Invertir en el bienestar de ellas, no sólo es un progreso para los derechos de la mujer sino que, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, es también un punto esencial para el progreso de los países en desarrollo y el cumplimiento de los objetivos de la agenda 2030.

Una cuestión de género

Ahora, ¿qué es el feminismo? Un movimiento internacional, político e ideológico que cree firmemente en la igualdad política, económica, y social entre la mujer y el hombre. Se puede decir, entonces, que es un movimiento que aboga por los derechos humanos. ¿Y por qué, si quiere la igualdad, no se llama igualismo? ¿Por qué son las mujeres las que luchan? Porque, como dice la autora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, llamarlo así sería “negar el problema específico y particular del género. Sería una forma de pretender que no son las mujeres quienes, por siglos, fueron excluidas. Sería una forma de negar que el problema del género apunta a las mujeres. Que el problema no es ser un humano, sino ser una mujer”.

Esto no quiere decir que el hombre no sea afectado por los estereotipos de género, y el feminismo también lucha por ellos. Pero no son los hombres cuyos derechos básicos (como la vida misma) se ven afectados por el simple hecho de ser hombres. Como plantea Ngozie Adichie, “algunas personas pueden decir ‘bueno, los hombres pobres también la tienen difícil’. Y es cierto (...) pero género y clase son diferentes. Los hombres pobres siguen teniendo los privilegios de ser hombres, aunque no tengan los privilegios de ser ricos”.

Como detallan informes de Cippec, Economía Feminista, La Casa del Encuentro, y Amnístia Internacional, algunas de las desigualdades en Argentina son, por ejemplo, que en Argentina muere una mujer víctima de femicidio cada 29 horas, se producen 50 ataques sexuales al día, sólo una de cada dos mujeres es activa laboralmente (mientras que en el caso de los hombres es el 72%), tres de cada diez puestos de jefatura son ocupados por mujeres y su salario es 27% menor al de los hombres, y sólo el 34% de jueces en la justicia nacional son mujeres.

Entonces, ¿por qué marcha el feminismo, hoy 8 de marzo, en todo el mundo? Porque solo un ciego a la realidad puede afirmar que la mujer y el hombre viven en igualdad de condiciones. Desde los feminicidios y las violaciones, hasta el desigual acceso a la educación y el mercado laboral, los derechos de las mujeres siguen siendo estigmatizados por una perspectiva cultural de género. Esta fecha conmemora la larga, cansadora, y prometedora lucha que las mujeres vienen llevando a cabo desde hace más de 100 años. Por eso hoy no festejemos, no regalemos flores ni bombones. En una sociedad en donde algunas mujeres se dan el lujo de proclamar que “no necesitan el feminismo” y hombres que llaman a las manifestantes “feminazis”, lo mejor que podemos hacer hoy es estar en el lado correcto de la historia y acompañarlas en la lucha por nada más ni nada menos que su propia vida.

 

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