Miércoles, 28 Junio 2017 01:13

Basta: Que la violencia no nos arruine más pasiones

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La violencia en las pasiones han generado mucha polémica en Argentina y con este marco uno de nuestros voluntarios se animó a escribir esta nota:

Por: Matías Borrego

“La libertad no es posible más que en aquellos países donde el derecho predomina sobre las pasiones.”  Henri Lacordaire

Cada uno de nosotros, sea cual sea su nacionalidad, su edad y hasta su clase social tiene algo que lo apasiona, por el cual su corazón late más fuerte y sus ojos se ponen más brillantes que nunca para poder apreciar un pequeño instante de su vida, en el cual será verdaderamente feliz, alejándose de todos los  problemas de la vida cotidiana.

Ahora mi pregunta es ¿Qué son las pasiones? A lo cual se podría responder; las pasiones son inclinaciones o tendencias de gran intensidad, que no proceden de la voluntad, que se experimentan desde la pasividad, como “viéndose arrastrado por ellas”, excepto cuando se intenta luchar activamente contra las mismas. Pero ¿Cómo puede ser que una pasión deje inútil a una de las principales características del ser humano como el razonamiento? Aunque la razón fue calculada por la providencia para gobernar nuestras pasiones existen momentos breves en que esta nos arrastra e impulsa a  realizar acciones inconscientes, y es en ese instante cuando nuestras pasiones prevalecen sobre nuestra razón y una simple situación puede terminar en una catástrofe.

Lo cual me lleva a una nueva pregunta ¿Las pasiones son “Buenas” o “Malas”? Las pasiones, en cuanto impulsos de la sensibilidad, no son en sí mismas ni buenas ni malas; son buenas, cuando contribuyen a una acción buena; son malas, en caso contrario. Pueden ser asumidas en las virtudes o pervertidas en los vicios.

Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicarlas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Son tan difíciles de comprender que continuamente existen ambientes de tensión en donde el rival deja de serlo y empieza a convertirse en un enemigo, en donde lamentablemente aparece la violencia.

Lo que comenzó como un momento de felicidad ya no lo es y la violencia actúa como una  fuerza destinada a juzgar a otros para el beneficio y la satisfacción del deseo de uno. Amenaza la existencia del otro y apunta a lograr que el otro ceda y se adapte a uno. Dejamos de ser iguales, una pequeña diferencia crea un abismo entre ambos bandos y la rivalidad desaparece para transformar todo en una cruzada, en la cual somos enemigos a muerte. Pero lo que más me asusta de esto es que cada vez somos más, son más las personas que secunden ante la violencia, donde un amigo deja de serlo para convertirse en mi peor enemigo, con tan solo llevar otro color de camiseta basta para ser motivo de causarle la muerte y mucho más, porque ya no alcanza con matar a esa persona es suficiente, se la debe humillar ante todo el público y grabarla para que todos lo vean y lo recuerden. Busca apuntar a tener al otro bajo control, dejan de ser semejantes y se transforman en instrumentos para usar o en enemigos a los que hay que destruir. Creo que debemos parar, mirar el mensaje que estamos transmitiendo y luego preguntarnos ¿Es así como queremos que nuestros hijos crezcan? ¿Qué sociedad estamos creando para las generaciones futuras? Y una vez que la razón vuelva a ganarle a nuestra pasión es cuando la violencia desaparezca y vuelva ese momento de felicidad que tantos nos gustan.

Pero para que esto ocurra hay un factor clave que debe aparecer, y es “La Ley”. Sin ellas no existiría la sociedad. Pero las leyes deben estar hechas para cumplirse, sin importar el nombre de la persona que la esté quebrantando. Porque para eso se han creado, para guiarnos en un buen camino y lograr un bienestar social.

Y por último se me vino ala mente una pregunta muy importante, ¿Por dónde empezar? Y la respuesta apareció casi de inmediato POR UNO MISMO, no esperamos a que el cambio venga desde arriba, empecemos por nosotros mismo en las acciones más simples y cotidianas de nuestra vida, como puede ser el respeto al prójimo, y además remarquemos los comportamientos que nos parecen incorrectos, para que las personas entiendan lo que está mal y lo que está bien, no celebremos los actos violentos, si no, alentemos las buenas acciones, va ser un largo camino y no será fácil pero por algo se debe comenzar.

Ya terminando, no nos olvidemos que las pasiones son algo hermoso de la vida, que nos transmiten grandes mensajes y emociones y muchas veces son momentos de felicidad y es por ese mismo motivo que se deben cuidar y proteger, para que nada ni nadie las arruine y así las podamos disfrutar por un largo tiempo y podamos transmitirlas a las generaciones futuras.

 

“Está claro que la forma de sanar la sociedad de la violencia y de la falta de amor es reemplazar la pirámide de dominación con el círculo de la igualdad y respeto”  Manitonquat.

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