Jueves, 24 Noviembre 2016 01:20

Casi 400 km recorridos

Escrito por
(0 votos)
Por José Russo, coordinador de ProTeCa.
Un día... volvimos a Rosario de Saladillo.
Ayer, algunos voluntarios se reencontraron con una causa que comenzó a gestarse en 2008. Otros, yendo por primera vez, conocimos una comundiad de la que mucho habíamos escuchado hablar. Fueron en mi caso dos años de escuchar historias, anécdotas y sobre todo de "aventuras" de este pueblo que siempre parecía tener una magia especial, muy propia.
La expectativa y las ansias en mi fueron creciendo. El tiempo pasó pero hoy, finalmente, lo hicimos y tuvimos la dicha de ser invitados a compartir con la gente de la comundiad, de compartir un almuerzo, unos mates y colaborar realizando un taller en la escuela en el marco de las Jornadas Nacionales de "Educar en Igualdad, prevención y erradicación de la violencia de genero".
En este momento, luego de un gran dia, en mi cabeza cierran muchas cosas, y otras tantas comienzo a re-pensar. Vuelvo a casa conociendo una comunidad que sabiendose aislada a casi a 200 km entre caminos del interior cordobés, no se resigna a esta situación factica y quiere ser mas, quiere ver más allá de sus horizontes.
Vuelvo conociendo a maestros que se animan a llevar nuevos proyectos, a incentivar a los chicos a que hagan cosas nuevas, que no tienen miedo a hablar de cuestiones tabú y buscan romper con los estereotipos y mandatos que se dan en la sociedad. Algunos de ellos que viajan 85 km para dar clases, y a veces las tormentas hacen que no puedan volver a su hogar.
Es muy movilizante saber que parte de este impacto real que ayer vimos en Saladillo es consecuente de un proceso en el que ProTeCa puso una granito de arena que fue creciendo y trasmitiendose a lo largo de los años.
La chispa la encendieron, a veces tal vez sin darse cuenta, y hoy podemos saber que eso que se despertó no quedo ahí y verdaderamente la comunidad lo volvió propio.
Día a día, en el trabajo diario de un proyecto comunitario corremos el riesgo de caer en la desmotivacion de no ver resultados a corto plazo, al ponernos objetivos específicos y querer cumplirlos estrictamente, olvidándonos tal vez del proceso, del momento vivido, de esas pequeñas cosas compartidas, trasmitidas, que trascienden, y que tal vez, un día le cambian la vida, o el día, a una persona.
Rosario de Saladillo es una muestra viva de nuestro impacto. Hoy puedo afirmarlo, y no dudar en seguir creyendo en estas causas, en lo que hacemos como organización y como voluntarios, cada día que desde nuestro lugar tomamos la decisión de no ser indiferentes y nos animamos a salir a recorrer kilómetros para dictar un taller, a dejar nuestras obligaciones para ir al barrio, para compartir un aula taller o una capacitación, y participar de otros tantos espacios que se nos presentan en esta gran red de humanidad.
Vuelvo a casa con una sonrisa, y ansioso por recorrer muchos kilómetros más.
Visto 245 veces
Inicia sesión para enviar comentarios